8 de abril de 2009




O cerrando puertas. O cerrando capítulos. Como quiera llamarlo. Lo importante es poder cerrarlos.Lo importante es poder dejar ir momentos de la vida que se van clausurando.
¿Terminaste con su trabajo? ¿Se acabó la relación? ¿Ya no vivis más en esa casa? ¿Debes irte de viaje? ¿se acabo la amistad? Podes pasarte mucho tiempo de tu presente viviendo en los porqués, en devolver el cassete y tratar de entender por qué sucedió tal o cual hecho. El desgaste va a ser infinito porque en la vida, vos, yo, tus amigo, tus hijos, tus hermanas, todos y todas estamos abocados a ir cerrando capítulos.
A pasar la hoja.
A terminar con etapas o con momentos de la vida y seguir para adelante.
No podemos estar en el presente añorando el pasado.
Ni siquiera preguntándonos por qué. Lo que sucedió, sucedió. Y hay que soltar, hay que desprenderse. No podemos ser niños eternos, ni adolescentes tardíos, ni empleados de empresas inexistentes, ni tener vínculos con quien no quiere estar vinculado a nosotros.
No. ¡Los hechos pasan y hay que dejarlos ir!
Por eso a veces es tan importante destruir recuerdos, regalar presentes, cambiar de casa.
Papeles por romper, documentos por tirar, libros por vender o regalar.
Los cambios externos pueden simbolizar procesos interiores de superación.
Dejar ir, soltar, desprenderse.
En la vida nadie juega con las cartas marcadas y hay que aprender a perder y a ganar.
Hay que dejar ir, hay que pasar la hoja, hay que vivir sólo lo que tenemos en el presente.
El pasado ya pasó.

No esperes que te devuelvan, no esperes que te reconozcan, no esperes que ”alguna vez se den cuenta de quién sos”.
Solta el resentimiento, el prender “tu televisor” personal para darle y darle al asunto, lo único que consigue es dañarlo mentalmente, envenenarlo, amargarlo.
La vida está para adelante, nunca para atrás.
Porque si andas por la vida dejando “puertas abiertas”, por si acaso, nunca podrá desprenderse ni vivir lo de hoy con satisfacción.
Noviazgos o amistades que no clausuran, posibilidades de “regresar” (¿a qué?), necesidad de aclaraciones, palabras que no se dijeron, silencios que lo invadieron.
¡Si puedes enfrentarlos ya y ahora, hacelo! Si no, dejalo ir, cierra capítulos. Decite a vos mismo que no, que no volves.
Pero no por orgullo ni por soberbia sino porque vos ya no encaja allí, en ese lugar, en ese corazón, en esa habitación, en esa casa, en ese escritorio, en ese oficio, vos ya no sos el mismo que se fue, hace dos días, hace tres meses, hace un año, por lo tanto, no hay nada a que volver.
Cerra la puerta, pasa la hoja, cerra el círculo.
Ni vos serás el mismo ni el entorno al que regresas será igual porque en la vida nada se queda quieto, nada es estático.
Es salud mental, amor por vos mismo desprender lo que ya no está en tu vida.
Recorda que nada ni nadie es indispensable.
Ni una persona, ni un lugar, ni un trabajo, nada es vital para vivir porque cuando vos viniste a este mundo “llegaste” sin ese adhesivo, por lo tanto es “costumbre” vivir pegado a él y es un trabajo personal aprender a vivir sin él, sin el adhesivo humano o físico que hoy le duele dejar ir.
Es un proceso de aprender a desprenderse y humanamente se puede lograr porque, te repito, nada ni nadie nos es indispensable.
Sólo es costumbre, apego, necesidad.
Pero... cerra, clausura, limpia, tira, oxigena, desprendete, sacudi, suelta.
Hay tantas palabras para significar salud mental y cualquiera que sea la que escojas, te ayudará definitivamente a seguir para adelante con tranquilidad.




Esa es la vida!

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